Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
9. EL PROGRAMA DE 1903 Y SUS LIQUIDADORES
Las actas del Congreso de 1903, que aprobó el programa de los marxistas de Rusia, se han hecho un texto muy difícil de encontrar, y la inmensa mayoría de los actuales militantes del movimiento obrero no conocen los motivos de los diversos puntos del programa (con tanta mayor razón cuanto que no todas las publicaciones, ni mucho menos, que con ellos se relacionan gozan del beneficio de la legalidad...). De aquí que sea necesario detenerse en el examen que de la cuestión que nos interesa se hizo en el Congreso de 1903.
Hagamos notar, ante todo, que, por pobre que sea la bibliografía socialdemócrata rusa en lo concerniente al "derecho de las naciones a la autodeterminación", resulta de ella, sin embargo, con toda claridad que este derecho se ha interpretado siempre en el sentido de derecho a la separación. Los Semkovski, los. Libman y los Yurkévich, señores que lo ponen en duda, que declaran que el § 9 es "falto de claridad", etc., sólo hablan de "falta de claridad" por extrema ignorancia o por despreocupación. Ya en 1902, Plejánov 9, defendiendo en Zariá "el derecho a la autodeterminación" en el proyecto de programa, escribía que esta reivindicación, que no es obligatoria para los demócratas burgueses, "es obligatoria para los socialdemócratas". "Si nos olvidáramos de ello o si no nos decidiéramos a propugnaría -escribía Plejánov-, temiendo herir los prejuicios nacionales de nuestros contemporáneos de la nación rusa, se convertiría en nuestros labios en mentira odiosa... el grito de combate... : '¡Proletarios de todos los países, uníos!' ".
Estas palabras caracterizan de un modo muy acertado el argumento fundamental a favor del punto analizado, con tanto acierto, que no sin motivo las han pasado y las pasan por alto temerosamente los "desmemoriados" críticos de nuestro programa que no se acuerdan de su procedencia. Renunciar a este punto, sean cuales fueran los motivos que se aduzcan, significa de hecho una concesión "vergonzosa" al nacionalismo ruso. ¿Por qué ruso cuando se habla del derecho de todas las naciones a la autodeterminación? Porque se trata de separarse de los rusos. El interés de la unión de los proletarios, el interés de su solidaridad de clase, exigen que se reconozca el derecho de las naciones a la separación: eso es lo que hace doce años ha reconocido Plejánov en las palabras citadas; de reflexionar sobre ello, nuestros oportunistas no hubieran dicho, probablemente, tantos absurdos sobre la autodeterminación.
En el Congreso de 1903, donde se aprobó este proyecto de programa que defendía Plejánov, el trabajo principal estaba concentrado en la comisión de programa. Es de lamentar que en ella no se levantaran actas. Precisamente sobre el punto de tratamos presentarían especial interés, porque sólo en la comisión los representantes de los socialdemócratas polacos, Warszawski y Hanecki, intentaron defender sus puntos de vista e impugnar el "reconocimiento del derecho a la autodeterminación". El lector que hubiera deseado comparar sus argumentos (expuestos en el discurso de Warszawski y en la declaración del mismo y de Hanecki, págs. 134-136 y 388-390 de las actas) con los argumentos de Rosa Luxemburgo en su artículo polaco que hemos analizado, vería la completa identidad de estos argumentos.
Pero ¿cuál fue ante estos argumentos la actitud de la comisión de programa del IIº Congreso, donde sobre todo Plejánov intervino contra los marxistas polacos? ¡Estos argumentos fue cruelmente ridiculizados! El absurdo de proponer a los marxistas de Rusia que excluyeran el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de las naciones quedó tan clara y patentemente demostrado, que los marxistas polacos ¡¡no se atrevieron ni a repetir sus argumentos en la sesión plenaria del Congreso!! Abandonaron el Congreso convencidos de lo desesperado de su posición ante la asamblea suprema de los marxistas, tanto rusos como hebreos, georgianos y armenios.
Este episodio histórico tiene, de suyo se comprende, una importancia muy grande para todo el que se interese seriamente por su programa. El fracaso completo de los argumentos expuestos por los marxistas polacos en la comisión de programa del Congreso, así como su renuncia al intento de defender opiniones ante la sesión del Congreso, son hechos extraordinariamente significativos. No en vano ha pasado Rosa Luxemburgo "modestamente" en silencio este hecho en su artículo de 1908: ¡el recuerdo del Congreso le resultaba, por lo visto, demasiado desagradable! Tampoco ha dicho nada de la proposición, desafortunada hasta lo ridículo, de "corregir" el § 9 del programa, proposición que Warszawski y Hanecki hicieron en 1903 en nombre de todos los marxistas polacos y que no se han decidido (ni se decidirán) a repetir ni Rosa Luxemburgo ni otros socialdemócratas polacos.
Pero si Rosa Luxemburgo, ocultando su derrota de 1903, ha guardado silencio sobre estos hechos, las personas que se interesan por la historia de su partido se preocuparán de conocer estos hechos y de meditar sobre su significación.
"...Nosotros proponemos -escribían en 1903 al Congreso los amigos de Rosa Luxemburgo, al retirarse del mismo- dar la siguiente redacción del punto 7 (ahora 9) del proyecto de programa: §7: Las instituciones que garantizan la completa libertad de desarrollo cultural a todas que integran el Estado" (pág. 390 de las actas).
Así pues, los marxistas polacos formulaban entonces, en lo que se refiere a la cuestión nacional, opiniones tan poco definidas, que en lugar de autodeterminación proponían, en el fondo, ¡nada menos que un seudónimo de la famosa "autonomía nacional-cultural"!
Esto parece casi increíble, pero, desgraciadamente, es un hecho. En el mismo Congreso, aunque en él había 5 bundistas con 5 votos y 3 caucasianos con 6 votos, sin contar la voz sin voto de Kostrov, no hubo ni un solo voto a favor de la supresión del punto referente a la autodeterminación. Se emitieron 3 votos a favor de añadir a este punto "la autonomía nacional-cultural" (por la fórmula de Goldblat: "creación de instituciones que garanticen a las naciones la completa libertad de desarrollo cultural") y cuatro a favor de la fórmula de Líber ("derecho a su -de las naciones- libertad de desarrollo cultural").
Ahora, cuando ha surgido un partido liberal ruso, el partido demócrata constitucionalista, sabemos que en su programa la autodeterminación política de las naciones ha sido sustituida por la "autodeterminación cultural". Por consiguiente, los amigos polacos de Rosa Luxemburgo, "luchando" contra el nacionalismo del PSP, ¡lo hacían tan bien, que proponían sustituir el programa marxista por un programa liberal! Y al hacerlo acusaban, por añadidura, a nuestro programa de oportunismo! ¡No es de extrañar, pues, que en la comisión de programa del II Congreso esta acusación sólo fuera acogida con risas!
¿En qué sentido entendían la "autodeterminación" los delegados al II Congreso, de los cuales, según hemos visto, no hubo ni uno solo que estuviera en contra de la "autodeterminación de las naciones"?
Lo atestiguan los tres pasajes siguientes de las actas: "Martínov considera que no hay que dar a la palabra "autodeterminación" una interpretación amplia; sólo significa el derecho de una nación a separarse para formar una entidad política aparte, pero de ningún modo la autonomía regional" (pág. 171). Martínov era miembro de la comisión de programa, en la que fueron refutados y puestos en ridículo los argumentos de los amigos de Rosa Luxemburgo. Por sus concepciones, Martínov era entonces "economista", adversario furibundo de Iskra, y si hubiese expresado una opinión que no compartiera la mayoría de la comisión de programa, habría sido, desde luego, refutado.
Goldblat, bundista, fue el primero en tomar la palabra cuando, después del trabajo de la comisión, se discutió en el Congreso el § 8 (actualmente, 9) del programa.
"Contra el "derecho a la autodeterminación" -dijo Goldblat- no puede objetarse nada. Cuando alguna nación lucha por su independencia no podemos oponernos a ello. Si Polonia no quiere contraer matrimonio legal con Rusia, hay que dejarla en paz, según ha dicho el camarada Plejánov. Estoy de acuerdo con semejante opinión dentro de estos límites" (págs. 175-176).
Plejánov no habla tomado en absoluto la palabra sobre este punto en la sesión plenaria del Congreso. Goldblat se refiere a unas palabras de Plejánov en la comisión de programa, donde el "derecho a la autodeterminación" se explicó en forma detallada y popular en el sentido de derecho a la separación. Líber, que habló después de Goldblat, observó:
"Claro está que si alguna nacionalidad no puede vivir dentro de los confines de Rusia, el partido no ha de crearle obstáculo alguno" (pág. 176).
Como puede ver el lector, en el II Congreso del partido, que aprobó el programa, no hubo dos opiniones en cuanto a que la autodeterminación significaba "tan sólo" el derecho a la separación. Incluso los bundistas se asimilaron entonces esta verdad, y sólo en nuestros tristes tiempos de una contrarrevolución persistente y de toda clase de "abjuraciones" ha habido gentes cuya ignorancia les ha permitido la osadía de declarar que al programa le "falta claridad". Pero antes de dedicar tiempo a estos tristes "socialdemócratas" de pacotilla, terminemos con la actitud de los polacos ante el programa.
Vinieron al II Congreso (1903) declarando que era imprescindible y urgente la unificación. Pero se retiraron del Congreso después de haber sufrido "reveses" en la comisión de programa, y su última palabra fue una declaración escrita, publicada en las actas del Congreso y que contiene la proposición arriba citada de sustituir la autodeterminación por la autonomía nacional-cultural.
En 1906, los marxistas polacos ingresaron en el partido, pero ¡¡ni al ingresar en él ni después (ni en el Congreso de 1907 10, ni en las Conferencias de 1907 y 1908, ni en el Pleno de 1910), presentaron alguna vez cualquier proposición de modificar el § 9 del programa ruso!!
Esto es un hecho. Y este hecho demuestra patentemente, a pesar de todas las frases y aseveraciones, que los amigos de Rosa Luxemburgo consideraron terminada la cuestión de las discusiones en la comisión de programa del II Congreso y la resolución del mismo, que reconocieron tácitamente su error y lo corrigieron cuando, después de retirarse del Congreso en 1903, ingresaron en 1906 en el partido sin intentar ni una sola vez plantear por vía de partido la revisión del § 9.
El artículo de Rosa Luxemburgo fue publicado con su firma en 1908 -desde luego, a nadie se le ocurrió jamás negar a los escritores del partido el derecho a criticar el programa- y después de este artículo igualmente ni un solo organismo oficial de los marxistas polacos planteó la cuestión de revisar el § 9.
Por esta razón, Trotski presta verdaderamente un mal servicio a ciertos admiradores de Rosa Luxemburgo cuando, en nombre de la Redacción de Borbá, escribe en el número 2 (marzo de 1914):
"...Los marxistas polacos consideran que el "derecho a la autodeterminación nacional" carece en absoluto de contenido político y debe ser suprimido del programa" (pág. 25).
¡El servicial Trotski es más peligroso que un enemigo! En ninguna parte, si no es en "conversaciones particulares" (es decir, sencillamente en chismes, de los que siempre vive Trotski), ha podido encontrar pruebas para incluir a los "marxistas polacos" en general entre los partidarios de cada artículo de Rosa Luxemburgo. Trotski ha presentado a los "marxistas polacos" como gentes sin honor y sin conciencia, que no saben siquiera respetar sus convicciones y el programa de su partido. ¡El servicial Trotski!
Cuando los representantes de los marxistas polacos se retiraron en 1903 del II Congreso a causa del derecho a la autodeterminación, Trotski pudo decir entonces que consideraban este derecho falto de contenido y que debía ser suprimido del programa.
Pero después de esto, los marxistas polacos ingresaron en el partido que tenía tal programa y ni una sola vez presentaron la proposición de revisarlo 11.
¿Por qué ha pasado por alto Trotski estos hechos a los lectores de su revista? Sólo porque le conviene especular, atizando las divergencias entre adversarios polacos y rusos del liquidacionismo, y engañar a los obreros rusos respecto al programa.
Jamás, ni en un solo problema serio del marxismo, ha tenido Trotski opinión firme, siempre "se ha metido por la rendija" de tales o cuales divergencias, pasándose de un campo a otro. En el momento presente se halla en la compañía de bundistas y liquidadores. Ahora bien, estos señores no tienen muchos miramientos con el partido.
Aquí tenéis al bundista Libman:
"Cuando la socialdemocracia de Rusia -escribe este gentleman- incluyó hace quince años en su programa el punto sobre el derecho de cada nacionalidad a la "autodeterminación", todo el mundo (!!) se preguntaba: ¿qué es lo que quiere decir propiamente hablando esta expresión de moda (!!)? No hubo respuesta a esta pregunta (!!). Esta palabra quedó (!!) envuelta en bruma. En realidad, entonces era difícil disipar esta bruma. Todavía no ha llegado el momento en que pueda concretarse este punto -se decía entonces-, que siga por ahora envuelto en bruma (!!), y la misma vida dirá qué contenido debe dársele".
¿Verdad que es magnífico este "niño sin pantalones" que se burla del programa del partido?
¿Y por qué se burla? Sólo porque es un ignorante supino que no ha estudiado nada, que ni siquiera ha leído algo sobre la historia del partido, sino que ha caldo sencillamente en el medio de los liquidadores, donde "es costumbre" andar desnudo en el problema del partido y del partidismo.
En una obra de Pomialovski un seminarista se vanagloria "de haber escupido en una tina con col". Los señores bundistas han ido más allá. Hacen salir a los Libman para que estos gentlemen escupan públicamente en su propia tina. ¿Que ha habido una resolución del Congreso internacional, que en el Congreso de su propio partido dos representantes de su propio Bund han revelado (¡y lo "severos" críticos y enemigos decididos de lskra que eran!) su completa capacidad de comprender el sentido de la "autodeterminación" e incluso se mostraron conformes con ella? ¿Qué importa todo esto a los señores Líbman? ¿No será más fácil liquidar el partido si los "publicistas del partido" (¡sin bromas!) tratan a la manera seminarista la historia y el programa del partido?
He aquí al segundo "niño sin pantalones", al señor Yurkévich, de Dzwin, quien ha tenido, probablemente, en sus manos las actas del II Congreso, ya que cita las palabras de Plejánov, reproducidas por Goldblat, y demuestra saber que la autodeterminación no puede significar sino derecho a la separación. Pero esto no le impide difundir entre la pequeña burguesía ucraniana, contra los marxistas rusos, la calumnia de que éstos están por la "integridad estatal" de Rusia (1913, Nos 7-8, págs. 83 y otras). Naturalmente, no podían los señores Yurkévich inventar medio mejor que esta calumnia para alejar a la democracia ucraniana de la democracia gran rusa. ¡Y un tal alejamiento está conforme con toda la política del grupo de literatos de Dzwin, que preconiza la separación de los obreros ucranianos en una organización nacional aparte! 12
Al grupo de pequeños burgueses nacionalistas, que escinden al proletariado -precisamente éste es el papel objetivo de Dzwin- le viene del todo bien, naturalmente, el difundir la más desenfadada confusión sobre la cuestión nacional. De suyo se comprende que los señores Yurkévich y los señores Libman -que se ofenden "terriblemente" cuando se dice que ellos están situados "al lado del partido"-, no han dicho nada, materialmente ni una sola palabra, de cómo hubieran querido resolver ellos en el programa la cuestión del derecho a la separación.
He aquí el tercero y principal "niño sin pantalones", el señor Semkovski que, en las páginas del periódico de los liquidadores, "denigra" ante el público ruso el § 9 del programa, y al mismo tiempo declara que ¡¡"por ciertas consideraciones no comparte la proposición" de excluir este apartado!!
Es inconcebible, pero es un hecho. En agosto de 1912, la Conferencia de los liquidadores plantea oficialmente la cuestión nacional. En año y medio no hubo ni un solo artículo, a excepción del artículo del señor Semkovski, sobre el § 9. ¡¡Y en este artículo el autor refuta el programa "no compartiendo por ciertas (¿una enfermedad secreta, o qué?) consideraciones" la proposición de corregirlos. Puede decirse con seguridad que es difícil encontrar en todo el mundo ejemplos de semejante oportunismo, y peor que oportunismo, de abjuración del partido, de liquidación del mismo.
Un ejemplo bastará para mostrar cuáles son los argumentos de Semkovski.
"Cómo debe procederse -escribe-, si el proletariado polaco, dentro del marco de un solo Estado, quiere luchar juntamente con todo el proletariado de Rusia, mientras que las clases reaccionarias de la sociedad polaca, por el contrario quieren separar a Polonia de Rusia y obtienen mayoría de votos a favor de ello en un referéndum (consulta popular): ¿nosotros, socialdemócratas rusos, habríamos de votar en el parlamento central con nuestros camaradas polacos contra la separación, o a favor de ella, para no violar "el derecho a la autodeterminación?" (Nóvaya Rabóchaya Gazeta, Nº 71).
¡Por donde puede verse que el señor Semkovski no compren- de siquiera de qué se trata! No ha pensado que el derecho a la separación supone que el problema se resuelve precisamente no por el parlamento central, sino únicamente por el parlamento (Dieta, referéndum, etc.) de la región que se separa.
¡Con la pueril perplejidad del "cómo debe procederse" si en una democracia la mayoría está por la reacción, se vela un problema de política real, verdadera, viva, cuando tanto los Purishkévich como los Kokoshkin consideran que hasta la idea de la separación es un crimen! ¡¡Probablemente, los proletarios de toda Rusia deben luchar hoy no contra los Purishkévich y los Kokoshkin, sino, prescindiendo de ellos, contra las clases reaccionarias de Polonia!!
Y semejantes inconcebibles absurdos se escriben en el órgano de los liquidadores, uno de cuyos dirigentes ideológicos es el señor L. Mártov. Aquel mismo L. Mártov que redactó el proyecto de programa y lo defendió en 1903 y que incluso más tarde escribió defendiendo la libertad de separación. Por lo visto, L. Mártov razona ahora por la regla [de la canción de León Tolstoi]:
Allí no hace falta un inteligente; / Manden ustedes a Read / Y yo veré.
¡Él manda a Read-Semkovski y permite que en un diario, ante capas nuevas de lectores que no conocen nuestro programa, se lo tergiverse y embrolle sin fin!
Sí, sí, el liquidacionismo ha ido lejos: entre muchísimos de los ex socialdemócratas, e incluso entre los destacados, no ha quedado ni vestigio de partidismo.
Claro está que no se puede comparar a Rosa Luxemburgo con los Libman, los Yurkévich y los Semkovski, pero el hecho de que precisamente tales gentes se hayan asido a su error demuestra con singular evidencia en qué oportunismo ha caído ella.
(9) En 1916, Lenin insertó en este lugar la siguiente nota: "rogamos a los lectores que no olviden que Plejánov fue en 1903 uno
de los principales enemigos del oportunismo y estaba muy lejos de su tristemente célebre viraje hacia el oportunismo y,
posteriormente, el chovinismo".
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(10) El Vº Congreso del POSDR se celebró en Londres del 30 de abril al 19 de mayo (13 de mayo-1 de junio) de 1907. Asistieron al Congreso 336 delegados. De ellos: 105 bolcheviques, 97 mencheviques, 57 del Bund, 44 de los socialdemócratas polacos, 29 de los socialdemócratas letones y 4 "al margen de las fracciones". Los bolcheviques arrastraron tras de sí a los polacos y a los letones y lograron una mayoría estable.
El Congreso discutió las siguientes cuestiones: 1) Informe del Comité Central. 2) Informe de la minoría de la Duma y de su organización. 3) Actitud ante los partidos burgueses. 4) La Duma de Estado. 5) El "Congreso obrero" y las organizaciones obreras sin partido. 6) Los sindicatos y el partido. 7) Las acciones guerrilleras. 8) El paro forzoso, la crisis económica y los lock-outs. 9) Cuestiones de organización. 10) El Congreso Internacional de Stuttgart (1º de Mayo, militarismo). 11) El trabajo en el ejército. 12) Asuntos varios. Uno de los problemas fundamentales del Congreso fue la actitud ante los partidos burgueses, sobre la que Lenin presentó un informe. En todas las cuestiones de principio, el Congreso aprobó las resoluciones bolcheviques. Fue elegido un Comité Central compuesto por 5 bolcheviques, 4 mencheviques, 2 socialdemócratas polacos y 1 letón. Como miembros suplentes del CC fueron elegidos 10 bolcheviques, 7 mencheviques, 3 socialdemócratas polacos y 2 letones.
Véase acerca del Vº Congreso del POSDR el artículo de V. I. Lenin Actitud ante los partidos burgueses (Obras, 5ª ed. en ruso,
t. 15, págs. 368-388).
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(11) Se nos comunica que en la Conferencia celebrada por los marxistas de Rusia en el verano de 1913, los marxistas polacos
participaron tan sólo con voz, sin voto, y que, en lo tocante al derecho a la autodeterminación (a la separación), no votaron en
absoluto, manifestándose en contra de tal derecho en general. Claro que tenían pleno derecho a proceder de este modo y a
desarrollar como antes su agitación en Polonia contra su separación. Pero esto no se parece mucho a lo que dice Trotski, pues
los marxistas polacos no exigían que se "suprimiera del programa" el § 9.
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(12) Véase sobre todo el prólogo del señor Yurkévich para el libro del señor Levinski Esbozo del desarrollo del movimiento obrero
ucraniano en Galitzia, Kiev, 1914.
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